Con 20 Hendiduras 25
No 3 Oblicuas
Sólo hasta que estuve consciente de dónde estaba me di cuenta de que no sentía mis piernas ni mis brazos.
Al primer momento me pareció de lo más peculiar, pues los veía y podía moverlos... pero no sentía el aire rompiéndose a su paso.
Mi cabeza apenas estaba ahí. Se iba desvaneciendo con cada sonido del reloj que estaba en la esquina superior izquierda del salón. Cada segundo gastaba la certeza de que aún la tenía pegada al cuello... mientras que la música a altísimo volumen me parecía lejana. Puedo asegurar que estaba realmente fuerte ya que el suelo se movía y las copas de plástico, aun llenas de bebidas con alcohol, bailaban con más ritmo que todas las personas presentes.
Los colores eran alucinantes. Rojo y morado agresivos, azul y verde tranquilos, amarillo y naranja llenos de energía, entusiasmo y felicidad. Todos formando un espiral en el centro, debajo de mí, pidiéndome de rodillas que no los pisara más. Por sus plegarias decidí sentarme justamente abajo del reloj para que sus manecillas me ayudaran a distinguir a todas las personas de la pista. Perfectos desconocidos.
Fue entonces cuando los espectros de la luz comenzaron a materializarse en seres bicéfalos con cuerpo de avestruces y empezaron a bailar. La gente se unía a ellos, dejándolos de color negro. Finalmente implotaron emitiendo el mismo sonido que se produce al chasquear los dedos.
Sacudí la cabeza y un poco después me preguntó alguien acerca de la experiencia recién vivida.
"Es cierto, claro está, la alteración hiperbólica del tiempo".
Al primer momento me pareció de lo más peculiar, pues los veía y podía moverlos... pero no sentía el aire rompiéndose a su paso.
Mi cabeza apenas estaba ahí. Se iba desvaneciendo con cada sonido del reloj que estaba en la esquina superior izquierda del salón. Cada segundo gastaba la certeza de que aún la tenía pegada al cuello... mientras que la música a altísimo volumen me parecía lejana. Puedo asegurar que estaba realmente fuerte ya que el suelo se movía y las copas de plástico, aun llenas de bebidas con alcohol, bailaban con más ritmo que todas las personas presentes.
Los colores eran alucinantes. Rojo y morado agresivos, azul y verde tranquilos, amarillo y naranja llenos de energía, entusiasmo y felicidad. Todos formando un espiral en el centro, debajo de mí, pidiéndome de rodillas que no los pisara más. Por sus plegarias decidí sentarme justamente abajo del reloj para que sus manecillas me ayudaran a distinguir a todas las personas de la pista. Perfectos desconocidos.
Fue entonces cuando los espectros de la luz comenzaron a materializarse en seres bicéfalos con cuerpo de avestruces y empezaron a bailar. La gente se unía a ellos, dejándolos de color negro. Finalmente implotaron emitiendo el mismo sonido que se produce al chasquear los dedos.
Sacudí la cabeza y un poco después me preguntó alguien acerca de la experiencia recién vivida.
"Es cierto, claro está, la alteración hiperbólica del tiempo".

