miércoles, 22 de septiembre de 2010

161.

Y ofreciéndole la mano con un listón rojo se decidió a subir las escaleras.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

160. Escoge a tus víctimas.

Escoge a tus
_____Víctimas...

Y tecleando a la mayor velocidad que le permitían sus pulgares, Daisy se encontraba apoltronada en el rincón del sillón familiar, color azul marino.
Oía los murmullos lejanos de su madre, quejándose de un acto del pasado -como siempre- y pidiendo su "opinión" -claro que esta "opinión" debía estar de su lado- hasta que la señora se dio cuenta del mínimo caso que le hacía su hija y se retiró profiriendo una maldición en tono de burla y sarcasmo.

Platicaba en línea con cinco personas. Cuatro de ellas eran personas huecas: de ésos que sus conocimientos no alcanzaban profundidad. De los que hablan sólo de ropa de marca, fútbol cuando hubo algún partido reciente o de noticias de último momento un tanto comunistas... como futuros planes para el puente que recién se alzaba en el horizonte. La excepción tenía sus ratos de inteligencia, respondía al nombre de Aldo.

A: Hola, mucho tiempo sin vernos, ¿huh?
D: En efecto... pero ¿qué se le va a hacer?
Ya no estás con nosotros... tuviste que irte.
A: Es de las cosas que más he lamentado.
D: ¿Ya has hecho nuevos amigos?
A: No muchos... y ahorita, recién comenzando
el tercer año de prepa, pues no es fácil...
Todos están en "su mundo"
Es difícil viniendo de otro lugar.
Aunque te he de decir que muchos y muchas
muestran una curiosidad especial.
Entre tanta gente de color blanco y con ojos
claros se preguntan por el de ojos almendrados.
Muchos rumores escucho a mis espalda.
A veces hasta risas mal fundamentadas.
D: Pienso que es sólo cuestión de tiempo para
que te acostumbres a otro país... y que el país
entero se acostumbre a ti.
A: Supongo que sí.
Algún día de éstos sólo yo sabré que hacer.
Y acudirán a mí.
D: Sí, cosas de plomería.
Jajajajaja, no te creas.
A: Muy graciosa... pero acéptalo, estamos ya en
el siglo XXI. Ya no hay tanto racismo.
D: Pero tú eres discriminable. Digamos que literalmente
eres el punto negro en la hoja de papel. El punto
negro que alguien como yo notaría.
A: Pero no todos son tan perfeccionistas como tú.
D: Pero la mayoría de los que te rodean poseen ojos
que distinguen colores como yo.
A: Bueno, bueno, cuando corran de mí te lo haré
saber... para que te rías un rato e imagines la escena.

Pasó un tiempo en silencio.
Esos silencios eran muy constantes entre Aldo y Daisy. Después de todo se conocieron por un infortunio y ninguno de los dos, al platicar con el otro, podía evitar el recuerdo de aquella persona que los acercó... de aquella persona que murió.
Daisy por su parte continuaba platicando con los otros cuatro. Algunos de ellos salían de línea pero inmediatamente eran sustituidos por otra persona igual, o incluso peor. Sólo se veía la mueca de satisfacción de la muchacha al ver la ineptitud de sus colegas, de sus conocidos y de algunas personas que sólo la tenían para tener un número más grande.
Ella es de las personas que acepta a todo el que la agregue. Entre muchos humanos había encontrado a un par de interesantes... y nunca se sabía cuándo podría repetirse.

Cuando iba a cerrar la sesión de MSN en el iPod, sólo con un botón, le cruzó una idea por la mente.
Se dirigió velozmente con algunos deslizamientos de falanges a la ventana aún abierta de Aldo y ella. Tecleó lo siguiente.

D: Si tuvieras una pistola, con seis balas...
¿a quiénes matabas?


Temió ser muy impulsiva y asustar a su amigo que estaba en un continente lleno de ojiclaros. A un arripiento forzado llegó y a punto de enviarle las disculpas vió los puntos suspensivos a lado del nombre de Aldo, que indicaba que ya estaba escribiendo.
Borró inmediatamente lo que había escrito y tocó dos veces la pantalla, para que desapareciera el teclado y ver más de la conversación. Con los ojos muy abiertos leyó:

A: ¿Qué clases de preguntas son esas?

Daisy un tanto desilusionada de la respuesta nada explicativa de Aldo, puso la excusa mayormente utilizada:

D: Simple y pura curiosidad...

Insistió un poco:

D: ¿No me piensas contestar?

Tardó un poco la respuesta de Aldo:

A: No lo sé. Seguramente a la dueña de todos
mis males, mis berrinches y mis peores momentos:
Alicia, la niña de la que te paso preguntando
en cómo conquistarla.
D: Va una bala. ¿Qué me dices de las otras cinco?
A: Para ella las seis.
D: ¿Tantos deseos de verla sufrir, o muerta,
mejor dicho?
A: Los suficientes. Dos a sus piernas de infarto,
dos a su corazón, una para el centro de su frente
y la restante a su boca.
Sus piernas por hacerme desearlas tanto,
desear comerlas a besos todos los días, con esas
faldas cortas que usa a diario, mostrando esas
vírgenes extensiones de piel, impávidas.
A su corazón por las marcas que a mí me ha dejado.
Una con las alas de metal que me dio, que hasta
después de emprender vuelo noté su material...
y otra por su frío adiós sin palabras. Sólo muriendo.
Su frente porque siempre me demostró lo inteligente
que era, o lo estúpido que yo fui por ella...
Finalmente su boca... porque con sus 32 dientes
se burló de mí. Porque con su lengua me tentó,
porque con sus mejillas dormí y en sus labios desperté.
D: Es imposible no reír sardónicamente por tu explicación.
Lleno de odio estás...
A: Sólo soy un hombre enamorado y enfermo.
Embriagado.
Y gracias. Yo también te quiero, eh.
D: Jajaja, no hay de qué.

Pasó un momento en silencio.

A: ¿Y tú?
D: ¿Y yo qué?
A: ¿Para quiénes las balas?
D: Mi pregunta no fue para que me la regresaras.
A: Yo sé que no. Y tampoco es por cortesía como
la segunda línea que aparece siempre cuando se
abre una conversación... pero también tengo
curiosidad.

Daisy se quedó pensativa un rato, dándole vueltas a la situación.

A: ¿Estás ahí?
D: Sí, todavía.
A: ¿Entonces?
D: A Kenya, mi mejor amiga.
Después a Samuel, del chico que te he contado que me trae loca.
Papá, mamá y después a mi hermano...
La sexta estaría para mí, y depende de su uso de mi estado mental
hacia la soledad. Si logro vivir en ella, esa bala se haría vieja
dentro del revólver.
A todos de un disparo en la barbilla, hacia arriba, atravesando
todo su encéfalo. Sólo para hacer un tiradero y que quede
todo manchado de sangre y con tejidos del cerebro.

Pasó un momento, y Daisy advirtiendo que Aldo se encontraba escribiendo, decidió decirle rápidamente buenas noches y tocar el botón para desconectarse inmediatamente.
Después de todo, no quería saber qué pensaba de su locura. Ya suficientes opiniones tenía.

lunes, 13 de septiembre de 2010

159. Losing My Religion - R.E.M.

Esta canción se ha vuelto en mi nuevo vicio.
Con ella crecí y hasta hace poco me di cuenta de su título y procedencia...

bhfjdgfhuerhd

Losing My Religion - R.E.M.



Oh,Life is bigger
It's bigger than you
And you are not me
The lengths that I will go to
The distance in your eyes
Oh no I've said too much
I set it up

That's me in the corner
That's me in the spotlight
Losing my religion
Trying to keep up with you
And I don't know if I can do it
Oh no I've said too much
I haven't said enough
I thought that I heard you laughing
I thought that I heard you sing
I think I thought I saw you try

Every whisper
Of every waking hour I'm
Choosing my confessions
Trying to keep an eye on you
Like a hurt lost and blinded fool,fool
Oh no I've said too much
I set it up

Consider this
Consider this
The hint of the century
Consider this
The slip that brought me
To my knees failed
What if all these fantasies
Come flailing around
Now I've said too much
I thought that I heard you laughing
I thought that I heard you sing
I think I thought I saw you try

But that was just a dream
That was just a dream

That's me in the corner
That's me in the spotlight, I'm
Losing my religion
Trying to keep up with you
And I don't know if I can do it
Oh no, I've said too much
I haven't said enough
I thought that I heard you laughing
I thought that I heard you sing
I think I thought I saw you try

But that was just a dream
Try, cry, why try?
That was just a dream
Just a dream, just a dream
Dream

jueves, 26 de agosto de 2010

158. Ángel de la Guarda de Apariencia Senil.

Ángel de la Guarda
de Apariencia Senil

Sonó la alarma. 7:00 a.m.
Daisy un poco malhumorada abrió el celular con el botón destinado para ello.
Entreabrió los ojos y vió mucha luz, más luz de la que se filtra por sus cortinas amarillentas.
Procedió a estirarse, como siempre... y sintió una brisa helada, desde el sur de su cuerpo. Más aire del que conseguía pasar por el mosquitero...
Se levantó de sobresalto y se dio cuenta de que su espalda gritaba de dolor.
Inmediatamente perdió el equilibrio y cayó haciendo que su vestido amarillo con flores se le subiera hasta el inicio del muslo, casi hasta la entrepierna, y que un tacón rojo volara por los aires. Aterrizó apenas un metro a la izquierda de la chica.
Sentado en la banca estaba un señor, de unos setenta y pocos años, observándola fíjamente. Llevaba puesto un conjunto deportivo azul con gris. Chamarra y pants. Unos tenis cómodos y lentes gruesos. Su cabello era muy canoso y sus ojos eran casi igual de claros que su desteñido y muy pobre bigote.
-¿Dónde estoy?- le preguntó Daisy antes de pensar en cualquier cosa, mientras alcanzaba su zapato color carmesí a gatas y se bajaba el vestido.
-En un parque... ¿sabes dónde está tu casa?- preguntó el viejo.
Daisy dio un vistazo desde el suelo, hacia su alrededor. Reconoció el kiosko en el centro del parque y los faros negros.
-Sí... ya sé dónde estoy... Perdón pero... ¿Quién es usted?
-Oh, perdone la descortesía, señorita. Mi nombre es Manuel.- dijo elegante y arcaicamente y le tendió la mano para que se parara.
-Oh, gracias- dijo la muchacha mientras tomaba su mano y se asía.-Mi nombre es Daisy, y no recuerdo cómo llegué hasta aquí. Vivo... hasta el fondo, casi. Ni siquiera sé cómo mi pijama se transformó en esto...-mencionó en cierto tono burlón y alisando su vestido y prosiguió a llevarse una mano al cabello que estaba mucho más lacio que de costumbre- qué raro, tampoco acuerdo haberme planchado el cabello... ni siquiera haberme acostado un momento.
-Tu aliento es alcohólico. ¿Acaso tomaste mucho por la noche?- el señor objetó como reprimiéndola.
-Pues... tomé. Sí. Pero no tanto como para no acordarme.
La muchacha se sentó al lado del señor e hizo un ademán con la mano, moviéndola hacia el frente y después hacia atrás. Manuel la miraba atentamente, extrañado.
-Es para ver qué tanto dormí -respondió la chica con una tierna sonrisa.

Pasaron minutos de silencio, minutos en los cuales parecía que los dos estaban en su propia jaula, en su propio manicomio y en su propio mundo. Minutos en los que su viaje hacia dentro de sí mismos duraba más que llegar a la galaxia más lejana. Minutos en los que recordar era menester. Minutos en donde sus ojos volaban más allá de las velocidades de la luz y sin guardar nada de información aparente. Una pregunta tan sencilla como el color de las flores en el jardín de en frente pondría a ambos a enfocar la vista a tal objeto y recordar el nombre de ese color. Minutos que pasaron sólo escuchando los pájaros trinar y los primeros autos pasar por la calle, con dueños de rostros malhumorados, cabellos sin arreglar y maquillajes hechos en la oscuridad.

-Cuando llegaste gritabas "Esmeralda" a todo pulmón- dijo el adulto al aire y Daisy reaccionó moviendo su cabeza y sin desenfocar sus ojos del infinito soltó un suspiro.

viernes, 20 de agosto de 2010

157. Algo, cosa y moción.

Y como diría el buen Harry... "no es para cualquiera"

Hay algo que alguien de algo alguea.
Es algo alguín que yo algo algón...
y lo que algo es algo que alga
pues alguien algo algueó.

La cosa es esta cosa que cosea a las cosas
no es una cosa más que la cosa de todas las cositas.
Este coso requiere de cosas más grandes que cosas
pero no cosea de las coseando coseador.

Mociones que mocean lo moceable.
Moceando las mociones de la moción.
Tu moción mociendo se ha mociando
y mociabundo te has moceado tú.

viernes, 13 de agosto de 2010

156. Dhrtarastra abandona el hogar.

Srimad-Bhagavatam
Canto 1, Capítulo 13, texto 22 al 26.

Tú has sido ciego desde tu mismo nacimiento y últimamente estás perdiendo el oído. Tu memoria es escasa y tu inteligencia se ha perturbado. Tus dientes están flojos, tu hígado está defectuoso y expectoras moco.

¡Oh Dios mío! Cuán fuertes son las esperanzas de un ser viviente de continuar su vida. En verdad, tú estás viviendo exactamente como un perro casero y comes las sobras de la comida que te da Bhima.

No hay necesidad de vivir una existencia degradada, ni de subsistir de la caridad de aquellos a quienes trataste de matar mediante el incendio y el veneno. Tú también insultaste a su esposa y usurpaste su reino y su riqueza.

A pesar de tu renuencia a morir y a tu deseo de vivir aun a costa del honor y del prestigio, tu cuerpo avaricioso ciertamente decaerá y se deteriorará tal como una vieja vestidura.

Se le llama imperturbable a aquel que va a un lugar remoto y desconocido y que, librándose de todas obligaciones, abandona el cuerpo material el cual era anteriormente mal utilizado.

lunes, 2 de agosto de 2010

155. Amor Contemporáneo.

Amor Contemporáneo

Fue un año entero en el cual muy enamorados estaban; sus voces se endulzaban al decir el nombre de su complemento, sus ojos brillar al sólo atisbar noticia; sus piernas flaqueaban cuando de frente se encontraban, su corazón deprisa latía al cruzar las miradas; par de labios presurosos que en pasión quedaron; manos curiosas que cada rincón exploraron; palabras efímeras respaldadas en almas vanas.

sábado, 24 de julio de 2010

154. Random

Bueno, estos textos los encontré en mi celular.
Son cortos y sin mucho fundamento, hechos en noches de insomnio.
Espero que la próxima vez que los revise en el móbil, los edite un poco... quizá los termine algún día, en esta misma entrada xD


ɴᴅ

1.
Esperanzadas llamadas de ayuda corroen mis oídos casi perceptivos. Las voces de mi interior las acallan, como lo hacen los gruñidos del perro del vecino.
No entiendo qué me dicen, ni porqué o de qué peligran. Sólo las oigo, distantes, como gemidos de una primeriza o gritos de terror de un gato.
Creo que piden no ser escuchadas... creo que anhelan mi despedida...

2.
Volátil sueño
yo me enredo.
Quiero escapar
de todo lugar.

3.
El aire de la ciudad taciturna
baja por las cortinas cual arañas
quien sabe que tipo de patrañas
guarde con el frío que te engaña.

Te cobijas, sí.
Intentas mantener la calma.
Pero quien sabe si así
puedas ocultar la mirada.

4.
Como tu SIM está en otro celular, no sé si esto te llegue... pero quiero que sepas cómo te sientes.
La rabia materializada en pequeños gusanos resbaladizos te está carcomiendo. Los comentarios punzocortantes de tus progenitores te calzan de manera perfecta. Tus puños tiemblan. Tu corazón late deprisa. Tu vista se queda fija en el abismo bestial que posa indecorosamente frente a ti. Tus ojos comienzan a humedecerse...
¿Qué es lo que realmente te asusta? Tan sólo fue un plato lleno de verdad. Uno vasto y servido por gente que te conoce incluso más que tú.

miércoles, 14 de julio de 2010

153. Un segundo. Descontrol.

Basada en hechos reales correspondientes al 10 de Julio del año presente.

Un Segundo.
Descontrol.



-¡Párate, párate!- vociferó Kenya a Daisy, viendo en la situación que estaban.
-Sí, sí, párate, párate- respondió torpemente, sin saber el porqué estaban varadas ahí, entre arbustos espinosos y hiedra venenosa, a unos pocos metros de profundidad.

Era un sábado caluroso para aquella localidad mas las chamarras en las dos jóvenes eran menesteres. La razón por la cuál estaban ahí era que el hermano de Daisy, Fabián, cumplía años y como rey del día decidió ir a aquél lugar frío. Él llevó a dos amigos suyos, Antonio y Bernardo, mientras a Daisy sólo la dejó llevar a una amiga, Kenya, para no aburrirse mientras ellos hacían cosas de niños.
Empezó así: los padres de los hermanos llevaron un par cuatrimotos a donde se hospedaban, una cabaña no muy arriba en la sierra, blanca e inmaculada, con tres habitaciones. Una pertenecía a los adultos que iban en el viaje, la que tenía una única cama. Las otras dos eran para los jóvenes que iban a sólo divertirse, por el motivo antes mencionado.

Al llegar los vehículos, Fabián quedó con la boca abierta. No se lo esperaba. En cuanto se entonaba apenas la canción de “Las Mañanitas” él se subió a uno acompañado de Bernardo y rápidamente se fueron.

Daisy y Kenya quedaron frente al móvil motorizado de cuatro llantas, con pintura camuflajeada. Pronto recibieron las instrucciones del sujeto que fue a la cabaña con ellas y tras dos minutos de sus explicaciones, Kenya quedó al manubrio y Daisy se subió detrás.
La maniobra para salir del porche fue asombrosa y, por desición de la castaña, Daisy, se fueron hacia su derecha, camino que la conductora desconocía.

Varios minutos transcurrieron y las quejas fluían conforme la velocidad no incrementaba.
-¿Le estás dando a todo?- preguntó la castaña.
-Sí, no siento mi pulgar... es como si es aire me lo cortara- respondió la de rosa.
-Bueno, eso es por el aire frío con el que estamos chocando continuamente. De hecho, cuando me asomo por encima de tu hombro mi cara se queda rígida. No me parece una sensación desagradable- entre risa y risa articuló.
-Pues eso es lo que siento, y más acentuado en mi dedo que está contra el acelerador- soltó un poco malhumorada, sarcásticamente malhumorada. Al ver el entorno se dio cuenta de que iban subiendo la sierra. El camino se hacía cada vez más difícil y un poco más estrecho.
Kenya le preguntó a su copiloto si quería manejar un rato. Ya se había cansado y ella no había manejado en el tiempo que la cuatrimoto estuvo en su poder.

Freno. Instrucción. Daisy baja. Freno. Kenya se recorre para ceder el volante. Nueva conductora. Acelerador.

-Tienes toda la razón. Mi rostro empieza a sentir la rigidez todo el tiempo y mi pulgar empieza a sentirse intimidado- dijo la de chamarra verde a su amiga que iba detrás, sujetada de su cintura, de rosa- ¿estamos subiendo, verdad? ¿Conoces por aquí?- y la volteó a ver de reojo, vio que hacía un gesto de negación y, con la vista en el camino de nuevo, continuó- bueno, el camino no está tan mal... el paisaje es muy bello. Lástima no me traje la cámara. Temí que se me cayera en el trayecto, al igual que mi celular... ¿tampoco te trajiste el tuyo, no?
-No. Y como el mío es más grande y no tengo bolsas... ni dónde ponerlo.
-Por allá arriba está la casa de Romina. Está vacía porque ella y su familia están de viaje en otro lugar...
–Sí, lo sabía. Me lo dijo su novio Rodrigo.
-Oh, cierto, cierto. Y creo que Pedro también lo sabía, con eso de que son súper amigos él y Romi... ¡Qué extraño! En serio que tengo envidia de él. Puede hacerse amigos y amigas muy pronto... aunque, bueno, de paso, me parece.
-¿Y qué con la casa de Romina? Tienes problemas de atención severos, Daisy.- La castaña rió un poco, primero despacio y el sonido estalló en una carcajada.
-No me digas que tú no... Ah, sí. Romina. ¿Quieres ir a verla? Debe bifurcarse el camino pronto... porque también hay otro de regreso, creo que va al pueblo.
-Sí, sí va al pueblo. Ya ubiqué en dónde estamos. Okay, vayamos a la cabaña de Romi.

En efecto el camino se dividía. Las muchachas fueron hacia arriba felices, a toda la velocidad que se le permitía al cansado motor, cantando canciones insulsas pero pegajosas.

Kenya vislumbró que su compañera iba girando un poco a la izquierda. Ese poco se transformó en un giro total.
'Hasta aquí llegamos' pensó. Cerró los ojos y al abrirlos vió que estaban estancadas entre un montón de lodo y ramas. Trozos verdes volaban por aquí y por allá.
'Ojalá Daisy no se haya lastimado mucho'

-¡Párate, párate!- vociferó Kenya a Daisy, viendo en la situación que estaban.
-Sí, sí, párate, párate- respondió torpemente, sin saber el porqué estaban varadas ahí, entre arbustos espinosos y hiedra venenosa, a unos pocos metros de profundidad.
Kenya se colocó primero de pie y ayudó a la conductora a levantarse, pues la pendiente que se le presentaba era elevada y ella parecía muy aturdida por el golpe.
-¿Estás bien? ¿Qué pasó?- nerviosa dijo, en muy poco tiempo- ¿Estás bien?- Repitió.
-Sí, sí- balbuceó la recién incorporada Daisy.
-¿Qué pasó?- intrigada y mordiéndose los labios preguntó la pelinegra con destellos rojizos.
-No lo sé. De repente estaba... y luego me desvanecí. Un desmayo tarda más. Me dormí... ¡Me dormí conduciendo!- gritando al último.
-¿Te dormiste? ¿De verdad?- preguntó Kenya con un atisbo de preocupación e ingenuidad.
-Ya me había pasado, años atrás. Hace tres no me pasaba- dijo mientras se sentaba en medio de la calle e intentaba fijar la vista en algún punto o afinar el oído para escuchar la frecuencia que no estaba dentro de su cráneo.- No tengo la conciencia como para saber lo que estoy diciendo. No me estoy escuchando y a ti te oigo lejana. La vista se me nubla... ¿qué me está pasando?- asustada inquirió.
-Estás en shock- en un tono tranquilizante objetó- se te pasará en un par de minutos. Pero... ¿qué haremos con esta cosa estancada? Ayúdame a moverla. Quizá podamos.
-De acuerdo- dijo Daisy. Sosamente se levantó.
–A la cuenta de tres. Uno... dos... ¡Tres!- las dos jóvenes halaron con fuerza de las partes traseras del vehículo que se había apagado en el golpe, sin éxito alguno.
-Bueno, no podemos. Pesa como media tonelada y creo que cada una podemos levantar apenas la mitad de nuestro peso- debatida Kenya dijo.
-Tiene que pasar alguien por aquí... - y volvió a sentarse en el suelo la castaña con chamarra verde.
-Pues sí... – en un suspiro soltó la pelinegra, resignada.

No pasaron ni cinco minutos cuando, en una pick-up color rojo, llegó la salvación. Las chicas no mencionaron nada al empezar a oír el dulce sonido de la ayuda, con sus miradas se dijeron todo. Se levantaron y miraron la cuatrimoto con desolación, emitieron un par de sonidos y comenzaron a jalar con poca fuerza.
La camioneta con cuatro personas dentro se detuvo. De ella salió un hombre, con sombrero de paja y apiñonado de nacimiento, aunque un poco bronceado por el sol.
-¿Qué les pasó?- dijo con curiosidad y con ganas de ayudar.
-Chocamos... y está atascada- se oyó de la boca de Kenya, con infinita tristeza. De la camioneta bajó otro hombre, dejando sólo a una mujer con otro señor dentro de su transporte rojo.
-¿Nos podrían ayudar a sacarla, por favor?
-Claro que sí, señoritas- exclamó el segundo hombre, con la piel más morena que el primero pero con la carencia del sombrero característico.
Fue bastante fácil sacar la cuatrimoto de aquél lugar con la ayuda de los dos hombres. Apenas salió se ofrecieron para ayudarlas un poco más.
-Pues creo que está goteando gasolina. Huele a gasolina. Una manguera está zafada, ¿lo ve?- dijo Daisy poniéndose en cunclillas verificando el estado de la maquinaria de la moto doble, camuflajeada.
-No sé dónde vaya esa manguera, señorita, pero sí huele un poco a gasolina. Menos mal está apagada.- dijo el hombre número dos.
-Gracias por su ayuda, la llevaremos caminando hasta la cabaña, para ver qué le pasó.- Insistió Kenya con un gesto dulce en su cara besada por el sol y por herencia indígena.
-No hay de qué.- dijeron los hombres al unísono mientras se subían a la pick-up.

Solas las dos pequeñas mujeres empezaron a reírse de la situación.
-No me duele nada, ¿y a ti?- Daisy dijo inocentemente.
-Es la adrenalina... de ahí la frase “te dolerá mañana”- respondió Kenya.
-Bueno, vayamos cuesta abajo con este bebé.
-¡Vamos!

jueves, 8 de julio de 2010

152. Que suman ocho.


Y llor
é toda la noche.


Cuando tú me dijiste
que me amabas con locura,
lloré toda la noche,
porque también lo hacía.

En tus labios tú guardabas
un beso para mí.
Lloré toda la noche
pues no te lo di.

Tómame de la mano
demos un paseo largo y aventurero.
Lloré toda la noche...
tu mano fría está y de vida carece.

Y lo único que me reconforta
es que tú ya no puedes llorar.
Por ti, amor,
lloraré todas las noches.

Te extraño mucho, Anndrés.
No sabes cuánto.

viernes, 2 de julio de 2010

151. Con 20 Hendiduras 25 No 3 Oblicuas


C
on 20 Hendiduras 25

No 3 Oblicuas



Sólo hasta que estuve consciente de dónde estaba me di cuenta de que no sentía mis piernas ni mis brazos.
Al primer momento me pareció de lo más peculiar, pues los veía y podía moverlos... pero no sentía el aire rompiéndose a su paso.
Mi cabeza apenas estaba ahí. Se iba desvaneciendo con cada sonido del reloj que estaba en la esquina superior izquierda del salón. Cada segundo gastaba la certeza de que aún la tenía pegada al cuello... mientras que la música a altísimo volumen me parecía lejana. Puedo asegurar que estaba realmente fuerte ya que el suelo se movía y las copas de plástico, aun llenas de bebidas con alcohol, bailaban con más ritmo que todas las personas presentes.
Los colores eran alucinantes. Rojo y morado agresivos, azul y verde tranquilos, amarillo y naranja llenos de energía, entusiasmo y felicidad. Todos formando un espiral en el centro, debajo de mí, pidiéndome de rodillas que no los pisara más. Por sus plegarias decidí sentarme justamente abajo del reloj para que sus manecillas me ayudaran a distinguir a todas las personas de la pista. Perfectos desconocidos.
Fue entonces cuando los espectros de la luz comenzaron a materializarse en seres bicéfalos con cuerpo de avestruces y empezaron a bailar. La gente se unía a ellos, dejándolos de color negro. Finalmente implotaron emitiendo el mismo sonido que se produce al chasquear los dedos.
Sacudí la cabeza y un poco después me preguntó alguien acerca de la experiencia recién vivida.
"Es cierto, claro está, la alteración hiperbólica del tiempo".

jueves, 24 de junio de 2010

150. El Atrapasueños. Epílogo.

Epílogo. DeclaraciónOciosidad

martes, 22 de junio de 2010

149. El Atrapasueños Pt. 5

V. PresenteCallejero

Con pelo blanco lacio, que alcanzaba una longitud considerable, y una gran mancha gris oscuro en su lomo, Furr, un viejo pastor inglés, merodeaba por ahí.
Vagaba como cualquier otro perro; olisqueando todos los postes, esquinas, plantas y personas.
A todos los saludaba con un "woof" viril, digno de un macho impotente, con mucha simpatía. Esto casi siempre hacía el mismo efecto: el ambulante se detenía, lo miraba a los ojos y Furr se echaba al suelo, juguetón. El primero lo acariciaba y Furr lo seguía hasta la casa del peatón... el cual nunca lo dejaba pasar.
No podía gruñir a ningún transeúnte, ya que estaba muy enamorado de una perrita burguesona, cocker, con unos dueños malencarados y estirados.
Ya había intentado charlar con ella, pero, aunque la actitud de la fémina fue entusiasta desde el primer momento en el que cruzaron sus miradas, los padres de ella la jalaron de la correa hacia otra dirección.
Su vida cambió completamente cuando estos estirados lo hicieron pasar a la casa, de tres pisos. Furr esperaba pacientemente todos los días, mirando la puerta, del otro lado de la acera. Así transcurrió mucho tiempo... hasta que lo aceptaron.
Dweeb y Furr fueron felices en aquella mansión.

sábado, 19 de junio de 2010

148. El Atrapasueños Pt. 4

IV. Tu canciónNecesario



You know the day destroys the night night divides the day tried to run tried to hide break on through to the other side break on through to the other side break on through to the other side, yeah We chased our pleasures here dug our treasures there but can you still recall the time we cried break on through to the other side break on through to the other side yeah! c'mon, yeah everybody loves my baby everybody loves my baby she get she get she get she get high i found an island in your arms country in your eyes arms that chain us eyes that lie break on through to the other side break on through to the other side break on through, oww! oh, yeah! made the scene week to week day to day hour to hour the gate is straight deep and wide break on through to the other side break on through to the other side break on through break on through break on through break on through yeah, yeah, yeah, yeah yeah, yeah, yeah, yeah, yeah

martes, 15 de junio de 2010

147. El Atrapasueños Pt. 3

III. Popurrí.Amacigado

Hacia mucho tiempo que no me llamaba la atención ningún humano. Todos me parecían iguales y nadie era diferente. Rostros destrozados, lágrimas con sabores agridulces; poetas enamorados, abejas y muchas flores; grandes decepciones, alegrías efímeras.

Sin querer te buscaba

La Luna no se puso llena por un gran tiempo y el Sol no brillaba como antes. Era por una tormenta, que empezó como una ligera llovizna, apenas una brizna... que se fue acrecentando a falta de los dos astros.

Me gustas más cuando me miras.
Cuando te me quedas viendo curioso
y te preguntas en qué estoy pensando...
mientras desvías la mirada.

Tus ojos marrón claro
siempre huidizos.
Tu boca apenas rosada
que se humedece
al paso del tiempo
al paso de los segundos
al roce de mis labios
con los tuyos.
Perdida en tu cabello
una y otra vez
con un ligero aroma
dulce olor a nuez

Abrázame, cariño.
Obsérvame, bebé.
Hoy y siempre
tuya seré.

jueves, 10 de junio de 2010

146. El Atrapasueños Pt. 2

II.PasadoResfriado

Fue un día cualquiera -mas no vie
rnes- en el que descubrí dos clases totalmente diferentes de seres humanos masculinos:
La p
rimera categoría abarca a casi todo el mundo. A toda la especie, mayoritariamente. Tienen en alma negra, por tantas mentiras que dicen, con toques azules, por las que se creen.
Vagan po
r ahí con los ojos tristones y una gran nariz, con labios voluminosos y cabellos enmarañados color azabache. Sus cuerpos son delgados, como de serpientes traidoras, y sus brazos parecen tentáculos perfumados, con posiones y feromonas. Como armas letales, las manos de estos entes se distinguen por tener un gran tamaño, al igual que sus pies; audaces a pieles ajenas, perfectos para descubrir puntos débiles. Lo más particular de estos quizá sea su lengua: afilada y larga, hábil... y responsable de cada uno de los mapamundis trazados en las espaldas de las féminas engañadas.
Hacen t
ravesuras cual niños y las simplicidades son su delirio, casi tanto como la espontaneidad.
Una vez que ya estés en sus garras, no pod
rás salir, no lo olvidarás jamás. Se caracterizan por ser habladores y prometedores, cautivan miles de corazones por su personalidad tan sensata y caballerosa. Sus sentimientos casi siempre chocan contra la lógica y, aunque sean impulsivos, no dejarían sus cadenas por alguien que los haya conquistado.
Su punto débil... es su enamo
rada. Empatía no es. Empíricamente lo confirmo.

Du
ré enamorada de uno de estos seres desde que nací y lo encontré a los catorce años de edad. Viví una etapa mágica, él hacía todo lo posible para que mi imaginación volara y mis emociones afloraran, sin ningún vestigio de infelicidad. Mi amor por él... inició, creció y decreció.
Tengo que admiti
rlo, aún no me olvido de él. Sigue siendo una parte esencial de mi vida, la parte en la que soy feliz y yo misma... pero conocí a alguien de la segunda clase y me está ayudando a ser más feliz y no ser dependiente a alguien más bien azulado.

De él t
rata lo siguiente, y ojalá lo futuro.

viernes, 4 de junio de 2010

145. El Atrapasueños Pt. 1

I.El encuentroFerviente

Un
Sol
ya
fue.

El que
quemó
cada
ente.

Mató mil
suertes y
gozó de
amores.

Creo que él
muy triste es.
Ya no está
en llamas más.

He oído que
responde a "frío"
a diferencia de
cuando conocílo a él.

Fue una mañana:
hacía mucho aire
helado, he de decir,
y él se presentó:

¿Qué tal extraña? ¿Cómo estás?
Qué gusto verte aquí
entre tanta humanidad...
Permíteme un momento...

Y con un pensamiento fugaz
corriendo va hacia otro lugar.
Ya nada podrá lo podrá evitar
porque lejos, lejos está.

Pero, ¿Qué siente? ¿A dónde va?
Eso me he de preguntar ya.
¿Por qué huye? ¿Por qué me abandona?
Necesito e imploro honestidad.

Ya no es el mismo y creo que nunca
lo será más. Estoy condenada
a un mundo sin aquella persona
que siempre emanaba sensualidad.

Ferviente llegó. Lleno de deseo.
En sus ojos brillaba una luz: me vió.
Silencioso se marchó apagándolos
y recuerdo la cadena en sus pies...

domingo, 30 de mayo de 2010

144. Aplicación ruidosa.

Este texto lo hice para mi clase de T.L.R. el cual, me ayudó enormemente para estudiar este último período. Tiene recursos básicos líricos. Comparación, metáfora, prosopopeya, elipsis, anáfora, paradoja, hipérbole e hipérbaton.



Aplicación
Ruidosa


Si un incencio extingue a otro
y un nuevo amor mata a uno viejo

¿Qué hay de los ruidos?

Ruido dentro de mi cabeza
Ruido de peleas y golpes
Ruido de sollozos y dolores
Ruido de confusión y voces.


Ruido que emana de donde vengo,
a donde iré.
Sonidos que perturban mis sueños,
mi completo ser.

El conjunto de ondas que pierden
todo el rastro de mi cordura

toda mi sensatez... que desmoronan,
que hacen trizas mi ser.

Las voces ocultas como niños jugando,
emitiendo ligeras melodías

risas y tonos suaves

como un dulce sueño hecho verdad.

Una hebra de cabello
es
fina y quebrable
produce una sensación leve en soledad

pero todos los sonidos juntos descabellan.

Pero, ¡Hay de mí, con miles de voces!
¡Con millones de sonidos volviéndose ruidos!

¡Con muchísimas confusiones
y varios -internos- alaridos!


Sólo una solución queda ya
deshacerme de esta cabeza es

Adiós, cruel mundo

demos la bienvenida al silencio.

viernes, 7 de mayo de 2010

143. Dime que Hacer.

Oh, recordé muchas cosas con un cuaderno que me encontré entre mis telarañas a lo que llamo "pertenencias".
En este cuaderno (rosa con negro, negro con rosa), estaba este poema... y bueno, si los colores no te dieron la pista de que fui emo, pues te lo digo. FUI EMO

There it is!


DiMe QuE HaCeR



Dime que hacer.
Dime, ¿he de responder a ésta turbia llamada?
Manchando mi alma de secreciones y sangre,
mis manos están tan manchadas...

Dime que hacer
Dime si es más doloroso engañarse
o ver la aterradora verdad.


Entre ellas y ellos y esas cosas
me voy perdiendo

mis ojos parecen llorar
pero no humedecen las mejillas...


Dime que hacer.
Por favor, necesito que tú
que sólo tú me lo digas.

¡Qué bonito es ésto! ¡Ésta oscuridad!
Mirar con amor el dulce acero y no saber,
no saber que debo hacer con el;
que rasgar, carne, tela o vientre ajeno
no siento ya mi cuerpo ni mis venas...

Dime que hacer
si dejarme llevar, mi deseo de unirme
unirme con algún alma prófuga y etérea;
un alma errante de las tierras lejanas,
esas que mi alma no conoce...

No conoce mi alma las bellas tierras del norte bienamado
tampoco conoce mi alma descanso ni paz en éste mundo...

Dime que hacer
ceder a sus ojos inquisitivos,
vueltos en blanco

o en blanco mi mente
que queda encerrada en este cuerpo
.

Fría es la hora antes del amanecer
justo cuando hablo contigo

¿acaso puedes preocuparte?
eres de piedra en tus palabras,
y tambien de arcilla...


Dime que hacer
¿Quemar mi cuerpo?
Sería muy fácil
.
¿Dilatar mi agonía?
Muy estúpido e irrazonable.

Yo te conozco,
el problema es que tú no me conoces...


Dime que hacer,
si acabar con el mundo
o con mi punto en este mapa.
Dime que hacer,
si desnutrir mi podredumbre
o alzarla en gloria.

sábado, 1 de mayo de 2010

142.

Triángulo
Rectángulo

No lo entiendo.
Sencillamente eso.
No lo entiendo nada.

¿Cómo a dos personas,
de carácteres muy opuestos,
en el mismo y bobo paradero?
Sólo creándose muros invisibles,
muros fuertes, muros irrompibles,
muros de corazón y alma;
formados de ira, orgullo y presunción.

Viendo con desdén el espacio entre tú y yo...
Siempre sintiéndose el frío aire de la ausencia...
Anhelando una reconciliación, no haciendo nada...
Forcejeando y peleando con hierros duros, sin cura...
Observando las debilidades del otro, queriendolo matar...
Tristemente así es nuestra relación, no siempre pero a veces.

sábado, 24 de abril de 2010

141. Acústico.

[Simple Distracción]

Muchas
-he de enfatizar la cantidad de veces-,
muchas,
muchas
veces
me
he
visto
rodeado
de
vicios.

Algunos buenos,
algunos
moderadamente
dañinos
y
otros
que
me
mataban
un
poco
imaginando
que
caía en el pozo
...

[Llanto de libertad]

martes, 13 de abril de 2010

140. Café

No sé. Últimamente he estado leyendo mucho -a falta de escuela, he terminado los libros que debía terminar desde el mes antepasado- y eso te inspira demasiado, como compartía hace unas noches con Regina.
Esta historia, mientras la formaba, parte de mí la censuraba, y aunque originalmente tiene seis páginas, la resumí a una. Muchas cosas no tenían coherencia ni sentido dentro de la obra, y muchas otras eran detalles insignificantes que resultaban sobrantes.
Se la quiero dedicar a Pepe:
Tu nombre no sólo me sirvió para uno de los personajes.


Café

-Desabróchale la blusa- inquirió Pablo Montenegro, mejor conocido como Plutón, ya que tenía un tamaño compacto, pero era duro tanto física como mentalmente, a José Vázquez, conocido como Pez por su torpeza característica en otros medios ajenos al suyo: los barrios pobres. Diego Pruneda, o mejor expresado con el color Azul, sólo observaba la escena con detenimiento, como esperando una orden particular que prontamente llegó de su minúsculo jefe -las sogas. Pásame las sogas por si se despierta- apenas siseando le dijo.

No entiendo porque nadie me escuchó gritar. No tenía algo reflejante cerca para ver si mi boca había sido cocida, o si mi lengua había sido cortada. Sentía muy bien el escozor en la garganta, muy seca, de las vibraciones de mis cuerdas, a una frecuencia alta. Más que gritos, los sonidos que según hacía, pareciánse más a llantos de niños y niñas hambrientos; sonidos gututales y enfermizos.
¿Dónde estaba?
Siempre he sido poseedora de una memoria increíble, pero hoy, hoy, en esta noche, parecía que fallaba.
¿Qué hora era?
Parecía estar oscuro ya. Quizá tan oscuro como para que fueran las nueve de la noche.

¿Cómo llegué aquí?
Intenté recordar cada paso que di... por lo menos las últimas dos ó tres horas... Mi trabajo terminó a las seis y decidí visitar a una vieja amiga, la cual tiene una pequeña niña, de siete años. Sí... pasé y le pedí a Carolina un café negro, sin azúcar, como me gusta. Desde ese momento no recuerdo nada.

-¡Qué ironía que esta perra sea virgen! ¡Mira cómo chorrea sangre!- alcancé a entender a Pez- ¡Tal parece que su sangre es tan inmunda que ni a ella misma le hubiera gustado tocarla! ¡Tal parece que sólo le gustaba la sangre pura de nuestras hijas!- dijo, y esta última afirmación con coraje, a lo que los otros dos asintieron, acercándose a mi cuerpo mutilado.