Primero, contiene contenido (redundancia) explícito. Leerlo es bajo tu riesgo y a tu estado de ebriedad.
Segundo, lo publiqué a petición de 4 personas que ya han leído el texto.
Tercero y último, disfruten.
UN PECADO COMPARTIDO
Y sentíase sucia. La ducha no le había quitado aquella sensación tan perturbante.
Ya en interiores, se tumbó a la cama, ocultando su rostro entre sus manos, sollozando eufóricamente.
Con la música a todo volumen nadie la escuchaba. ¿También tendría algo que ver el hecho de la no parecencia de ninguno de sus familiares? Tal vez.
Soledad. Pensamientos. Diversos pensamientos le hacían recordar el hecho de su no conocimiento sobre la persona que ya había impugnado las raíces más hondas del infierno, conociéndola íntimamente... pero aún no del todo.
Previamente, aquél día, las hormonas estaban en su máxima expresión. Ese beso encendió muchísimas sensaciones, sofocándola, pero, sobre todo, dejándola vulnerable. Rafael, su eterno compañero, fue listo y se atrevió a deslizar su mano más allá del límite de la falda de Eva.
Su otra extremidad, tenía a tientas el principio del seno de la chica. La fémina se situaba quieta. No sabía que hacer.
Al fin, con un gran impulso de voluntad se orilló y cayó al suelo, se levantó con el rostro en manos -un rasgo muy típico de ella- y se fue corriendo... Tomó el primer taxi con la ropa mal puesta. La dirigió a su casa y cóbrole una cantidad baja. Eran cercanos con respecto a bienes raíces. Y también, desde ahora, quizá en otro mérito.
Ese rojo sillón fue el único testigo de aquél acto.
Eva gritaba con toda su alma, tanto que traspasó aquella amarga melodía, alta y amarga melodía.
Secó sus lágrimas y taradeaba la canción, no dejando de olvidar la vergonzosa situación de la previa mañana. Sentía el pecado corromper su alma, manchándola con un increíble y oscuro amorfo destello de oscuridad.
Cómo antes está mencionado, la fuerte música era la única señal de vida en ese hogar. Su hogar. Todos habían salido, ella no. Se sentía tan culpable, tan fácil... una puta...
La canción que sonaba en ese preciso momento era la que mejor acongojaba ese sentimiento. De pronto, levantó la vista para tomar el reproductor, y poner un volumen un poco más adecuado para gozar ese instante.
Algo irrumpió con la serenidad del hogar.
Rafael, al marco de la puerta se encontraba, observando a Eva.
Amándola.
Poseyéndola.
Deseándola.
Desnudándola.
Besándola.
La música desapareció.
-"¿Qué haces aquí?"- dijo ella, con un tono claramente alterado.
-"Si..."- fue lo único que atinó a decir el exitado muchacho.
La chica, desesperadamente y en vano, halaba la sábana semi transparente de la cama desarreglada, para cubrir su cuerpo que él conocía a medias.
Se sentó así, quitando toda tentación...
El chico, inherentemente, se despojó de su camiseta, dejando al descubierto su formado tórax.
Ella, Eva, desviando la mirada del atrayente cuerpo, miróle a los ojos.
-"Aquí, Rafa, entre nos... Todo ha acabado."
-"Si..."- Volvió a atinar el joven, mirando el cuerpo femenino, quitándole una a una las prendas. De las pocas prendas. Con la mirada. Bajo esa sábana.
Rafael se acercó a Eva, esta, tomó sus piernas entre brazos, contra sí... temblorosa.
Pero el deseo infernal que él sentía era unívoco a todo ser racional. Sus ojos ardían y su cuerpo, maquinalmente, se acercaba al de la temblorosa Eva.
Se sentó a su lado. Un sólo movimiento perceptible y se encontró con su cabello húmedo y ondulado... acariciándolo, cada fino cabello, como si tuviera una verdadera afición.
Bajó la mano a su barbilla que asió con un delicadísimo cuidado. Miróle a los ojos con aquella cierta comunicación retinal.
El bien sabía como sacar a Eva de sus concordes pensamientos. Cuerdos y puros pensamientos e ideologías.
Tomó su mano y la entrelazó entre la suya. Una vez más. Ella por más que sabía sus movimientos, no podía superarlo. Volvía a caer.
Rafa tomó la otra mano, dejando así sus piernas libres y vulnerables. El audaz chico se adentró abriendo las piernas de la chica. Su cuerpo estaba entre ella.
Un beso... dos besos... Empleando toda la pasión que cabe en na pareja dispuesta a amarse mutuamente. No había límites.
Los labios, los ligeros labios masculinos, que Eva ya había rozado cientos de veces, fueron directo a su cuello, haciendola entrar al cielo, hasta vociferar un ligero alarido de negación.
Las veloces manos de Rafael deslizaban los tirantes de su prenda íntima de su espalda hasta los codos. Luego, quitó la prenda por completo, que lanzó detrás de él.
Besó los atributos ya descubiertos de Eva, humedeciendo mucho los labios.
Tal vez demasiado.
Se levantó una única vez para desabrochar aquella bragueta, de sus pantalones algo ajustados, que tenían razones para estarlo. Un gran bulto se ocultaba en ellos, y salió a presión, húmedo y dirigiéndose a ella.
Volvió a caer a la cama con Eva, sobre Eva... con una obvia delicadeza...
Los húmedos y entreabiertos labios masculinos se deslizaban por el cuerpo de Eva. De norte a sur...
La altura de la cabeza de la chica era favorable. Observaba claramente como era poseída.
Ya no temía, ya no...
El rostro de Rafael bajó vertiginosamente. Despojando la prenda, dejó libre la zona más íntima del cuerpo de la joven.
Con una extremada calidez, besó los muslos, las rodillas... y volvió a subir a los labios...
Los besos apasionados de Rafael hacían casi imperceptible el hecho de que estaba cada vez más dentro de ella... Literal y íntimamente.
Cuando dejó de besarla y se enfocó en convertir su cuerpo en uno sólo con ella, fue cuando la chica lo rechazó, pero débilmente...
Ella quería compartir con el una felicidad satisfactoria.
Eva era de Rafael. Sólo de Rafael... Una vez, dos veces... hasta tres veces... Frenéticamente de el...
Sólo existía el acto. Dos culpables. Un testigo. Un inerte testigo. El lugar...
El salió de ella y se acostó a su lado, con un suspiro expresó la satisfacción y complacencia que había sentido.
La mano de Rafael se situó en el corazón de Eva. Fuertes y penetrantes latidos...
Ella colocó su mano de menor tamaño encima de la de él...
-"Te amo"- expresó con un auténtico valor el chico.
Eva no respondió. Fingíase dormida... Lo cuál incitó a Rafael a imitarla...