miércoles, 21 de octubre de 2009

107. Proyección Hacia...

Dream Theater - Forsaken


Proyección
Hacia...

No había terminado de despertar por voluntad propia cuando mi hermano bruscamente me movió de un lado a otro notificando que tenía una llamada...
Te dije que me sentía mal, que quería llorar y de inmediato me respondiste: "No llores" en tono de lástima y preocupación. Acto seguido dijiste: "Voy para allá"
Eras tú, diciéndome casi llorando que ibas a soltarlo todo. Entendí que me querías contigo, porque sé que no lloras sola. Necesitas a alguien que te saque las lágrimas a abrazos.
Sentí que demoraste mucho. Tenía tanto dentro y una barrera invisible que sólo tú quebrantrarías aguardaba impaciente por romperse.
Corrí hasta que me cansé. Recé varias veces porque no estuvieras tan mal como me imaginaba, y porque el cancel que me permitiría entrar a tu casa permaneciera abierto para no tener que llamarte para que me abrieras. Sabía que no tendrías las fuerzas necesarias como para hacerlo.
"¡Es ella!¡Vino a visitarte ella!" gritó mi hermano. Sólo asentí y él bajó para abrirle. Subiste corriendo sin preguntar dónde estaba, me encontraste en la esquina de mi cama, abrazándome y reteniendo tantas lágrimas como me era posible con la cara en las rodillas y me diste una mirada de comprensión, y casi maternal.
Las escaleras me parecieron eternas, perdí el aire al menos 2 veces en el mismo minuto; una cuando casi terminaba de subir casi cayéndome y otra al verte tan sumida en pensamientos macabros con una mueca de dolor en el rostro. Apenas me hinqué y...
Tuve oportunidad de tenerte en frente mío. Te me quedaste viendo a los ojos por no mucho tiempo, no habías dicho ni una sola palabra y ya estaba abrazándote y comenzaba a llorar desde ahí.
No estaba cómoda. Creo que lo sentiste porque después de un tiempo pequeño te separaste parcialmente y me explicabas lo que había sucedido. Para serte franca, no te estaba escuchando. Sólo me perdía en tus ojos llorosos e intentaba averiguar cuál fue la gota que derramó el vaso y por qué. Te alejaste y me abriste paso hacia la computadora que estaba tocando una melodía clásica, pero que fúnebre sonaba en tal cuadro. Ví su nombre, y volví a abrazarte.
¡Pedía a los grandes que no te estrangulara en el acto! Por momentos te apretaba tanto que me dolía y agravaba el llanto, y profería lamentos sin sentido, sílabas incoherentes o sólo sonidos de mis labios que querían decir algo, pero no transmitían comunicación mas una dolencia aguda se podía oír. Por otros sólo me dejaba llevar e intentaba no llorar... traje el papel de baño para secarme y secarte.
Te dejé hablar por un momento, pero me parecía que volvía a escuchar mi historia, pero más intensa y sin remedio alguno. Ví que no querías mirarme. Estabas trazando figuras geométricas con la pelusa que desprendías de tu gruesa cobija que tendía la cama que ya estaba un podo húmeda. Comencé a decirte lo que creía y pensaba y sentía. Me conmovías hasta los órganos más ásperos e insensibles.
-¿Me acompañas por una paleta?-
-Claro, vamos...-
Caminamos en silencio, y empecé a puntualizar lo que extrañaba...
-¿Sabes? Extraño ser feliz... extraño reír, extraño que no me duela nada y que todo sea fácil, y que pueda vivir sin agobios... también extraño no tener sal en el rostro, y que mis lágrimas sean de azúcar. ¿Sabes cuánto tiempo tenía sin reírme tanto?¿Sabes cuánto tiempo tenía sin que me doliera el estómago de tanta risa? Apareció, y me reí como ya no me acordaba. Luego se fue, y me dolió tanto como ya no me acordaba. Parece que desenterró a lo que ya había matado hace tiempo, o al menos que había ocultado muy bien y no había dejado salir. Parece que se llevó mi felicidad y mis sentimientos que extraño, y que me los devolvió mientras los compartía conmigo... pero si no está, no los puedo compartir, así que no son míos, o no en los momentos que ocupo. Extrañaba sonreír y ruborizarme y sentir aquellos cuervos que te carcomen las entrañas, y aunque duela te gusta por cómo lo hacen con delicadeza y en los momentos oportunos de una manera bestial. Me echaba de menos... me echo de menos...
-Es que parecías tan feliz... hoy en la mañana te reías...
-¿Y piensas que sentía esa risa?
-No mucho...
-Si no posara todos los días cuando hablo, cuando me dirijo... si no busco la forma de hacerme lucir en ese momento, si no me viera al espejo tanto tiempo tratando de encontrar lo mejor de mí, y ensayarlo varias veces, ¿cómo crees que no sería fotogénica?
-No...
-Exacto. Si no riera todos los días, si no me obligara a reír, ¿crees que no se me olvidaría cómo hacerlo? De eso vivimos, de seguir haciendo lo mismo para que no se quede atrás...

domingo, 4 de octubre de 2009

106. Habitación 5038

Ésta historia, es taaaaaaaaan reconocible... y la publico ahora porque... por razones personales y ya ¬¬
Tiene el plano del lugar, puesto que resultaría
bastante difícil imaginar la distribución de todos los muebles, siendo que la mayoría pone de inmediato en conjunto la palabra "habitación" o "cuarto" como algo cuadrado...
Click en la imagen para agrandar :D

Gracias ^^
HABITACN 5038

En la semana anterior a reanudar cursos escolares, papá, mamá, mi hermano y yo decidimos tomar unas merecidas vacaciones en familia. El martes salimos muy en la mañana y el domingo regresamos quemados, con pellejos colgando y salvos en la casi noche.
Nuestro destino preparado era Puerto Vallarta, pero para sorpresa mía, fuimos a Nuevo Vallarta, donde la arena está menos piedrosa y el mar más azul. Al final no sólo agradecí eso a mis padres, sino muchas cosas más que sucedieron en el lapso de esa semana, de según descanso, que puedo obviamente rotular con la palabra
totalmente opuesta.

Antes de terminar si quiera las maletas, recibí un mensaje cuando cómodamente estaba chateando con una amiga, a una hora que se suponía ya debería estar dormida, por lo madrugadora que me convertiría en el día siguiente. Sólo fu
e una palabra, 5 letras, y cada una de ellas me pareció enigmática aunque sabía ya la respuesta.
Al leer el conjunto, el número de quién había mandado el sms, las horas, el estilo... solté el celular inmediatamente lo que ocasionó que se despren
diera una parte de atrás que sujetaba la batería, que cayó y encontré probablemente un par de minutos después.
En el transcurso de esos segundos, que sentía cada vez con más pesadez ya que en mi cabeza revoloteaban ideas con duraciones aptas para la palabra concisión, por inherencia, emoción y quizá un poco de miedo; le conté a m
i amiga que estaba en línea lo que había sucedido, cómo me sentía y varios detalles que si no son impropios para mencionar por aquí, lo son para alguna religión.
Ella me ayudó a qué contestarle, tecleaba con dificultad absoluta y bien podrían diagnosticarme un pulso elevadísimo sin acercarse a mí más de dos metros.

Si ya estaba emocionada por el viaje, y bien sabía que lo que más dormiría serían apenas 4 horas, ¿podrán imaginarse ustedes el insomnio por las ansias carcomientes que rondaba aquella noche, si alguien tan importante para mí, tiene semejante prueba de afecto? No. No pueden imaginarlo.
Eso sí, dormí todo el camino como una bebé, con el celular en mano, por cualquier cosa, con los audífonos puestos y el volumen un tanto considerable, para no escuchar todas las quejas que probablemente daría mi hermano acerca del hambre, frío, sueño, la cuestión del baño, etc., a mis papás.

La atención al llegar, la disposición de la gente al servicio, y mil y un detalles más de ese estilo hicieron desde el comienzo nuestra estadía algo totalmente reconfortante.
No nos entregaron la habitación en primer lugar, llegamos allí cerca de las 13:00 hrs. y nos la entregarían hasta las 15:00 hrs., así que nos dedicamos en conocer el hotel, las albercas, el mar... sentir la arena...
No tuvimos hambre en ese momento, así que de inmediato mi hermano y yo nos mojamos los pies con agua salada del mar, que estaba a una temperatura más bien cálida.
No sé cómo ni porqué se fue tan rápido el tiempo, pero de repente mi mamá gritó desde lo lejos: "Ya tenemos que recibir el cuarto." y fuimos.

Siempre me han gustado los pisos altos, y con vista al mar. Nos dieron lugar en el piso 5, de 9.
Subió un botones con nosotros, que era más bien delgaducho así que aún no me explico cómo podía con todas las maletas. Yo, como buena defensora del género femenino, llevaba la maleta más grande, y no me puse varias cosas, ahora que me doy cuenta, pero bueno.
Lobby.
Piso 2.
Piso 3.
Piso 4.
Piso 5.
Corredor a la izquierda, 23 pasos.
Doblar a la derecha.
4 pasos.
Insertar la llave y girar 3/4 a la izquierda.
Empujar.
Aire acondicionado.
Frío.
Cansansio.
Vi la expresión de mi mamá, antes de ir a recorrer todo el cuarto, de completo desasosiego. Le quise preguntar pero lo consideré muy impertinente. Solamente la tomé de la mano y la llevé hasta el balcón, que yo todavía no conocía, pero fue bastante grata la sorpresa, tanto para ella, qué cambió por completo su semblante, como para mí. ¡Se veía todo desde allí!
Tome algunas fotos, del cuarto, de la vista, y de nosotros cuatro amontonados en la enorme cama, como una familia unida y feliz.

Al poco rato le transmití a mi mamá el sueño que traía agobiándome, y me dejó dormir mientras ella y mi papá veían la televisión desde la cama y mi hermano leía un par de revistas en el sofá. Al final todos acabamos durmiendo y despertamos casi simultáneamente a las 16:30.
No teníamos conocimiento previo del hotel y mucho menos de sus horarios, aun cuando la recepcionista nos los había dado a grandes rasgos.
Ya que no veíamos opción alguna de ingresar al restaurante de comida, fuimos directamente al "Sports Bar", un sitio abierto las 24 horas del día, y con los alimentos de ese aguante. No falta mencionar la asquerosidad de aquél lugar. Me parece que el agua que servían también estaba podrida, aunque no lo sé, no la probé, quizá me enfermaba de algo raro por eso. Mi papá si comió, al igual que mi hermano, unas hamburguesas que parecían caminar por si solas y unos nachos en que su salsa era un líquido amarillo y lechoso, líquido, repito. Mi mamá y yo no pudimos meternos a las albercas esa vez, ya que con cualquier movimiento muscular se nos soltaban más jugos gástricos lastimando nuestras víseras, y no nos íbamos a conformar con comida intragable del bar.
Pasó si mucho una hora, pero la vi como una eternidad que cruzaba mi vida a paso de tortuga. Famélica estaba, y devoré como maniaca la cena bastante bien servida en el restaurante del hotel que abría hasta las 18 horas mientras que mi mamá veía con algo de ironía la escena. Jamás me había visto comer, creo yo por la cara maternal que puso segundos después, con tanto entusiasmo. Yo creo que hasta hoy, no he comido tan a plenitud como aquella vez. Fácilmente duramos ahí 2 horas, en lo que esperábamos a los hombres de la familia y con las condiciones que debieron cumplir (no trajes de baño, no mojados, entrar con camiseta...) les entró el apetito y comieron igual de bien que yo. Sólo que a ellos no parecía pesarle todo lo que habían comido, a diferencia mía. No me podía mover por lo satisfecha que estaba... pero tenía que.

Yendo hacia el elevador con algo de pereza y sentándome incluso dentro de el, me encaminé a una segura siesta que parecía asomarse por mis esperanzas y deseos, pero se atravesó de repente una nueva necesidad: probar la tina del cuarto.
Claro que primero me ganó mi hermano, y tuve que cederle el primer uso de la tina por la familia mía, pero oculté los sobres de "gel para baño" y no pudo hacer ni una sola burbuja. Ya era tarde y yo había pedido el último turno.

Después del baño, metí un tazón con fresas, un par de chocolates y el agua hervía en la tina, esperando por mí. También ya había hecho las burbujas con consistencia de algodón de azúcar áspero. La imagen era tenebrosa a oscuras. El agua caliente se veía turbia conforme la capa blanquecina de burbujas se iba dispersando poco a poco. Me dediqué en ese tiempo a sentir el roce entre mis extremidades por el agua, por la espuma...
Cansada y deshidratada, prendí la luz, cosa que me encandiló inmensamente y tendí una toalla en el suelo. Acto seguido, me acosté con restos blancos en mis piernas, abdomen y brazos. Estuve pensando un buen tiempo toda clase de metáforas que pude haberle dado a esa ducha tan significativa y llena de emoción. Le había mandado un mensaje justo antes de entrar a bañarme y tenía el celular cerca, con un tono de timbre alto, por si tenía que contestar algo a toda velocidad.
Estuve recostada por mucho tiempo, y por poco me quedo dormida, si no fuera por el FurElise que empezó a sonar lentamente. No conecté instantáneamente el remitente de la llamada, pues pensé que sería mi papá pidiéndome que durmiérame (él estaba en el bar, mi mamá ya dormía y mi hermano también, aunque en el sofá-cama estaba) pronto, pues ya era la 1:14 de un 12 de agosto. Al ver su nombre... me congelé.
No esperaba que me llamara y no estaba mentalmente preparada para eso.
Dejé sonar el celular cambiándolo a modo de vibrar y de nuevo a sonido. Tomándolo con las dos manos, quemándome, volviéndome loca y quitándome de raíz ese cansancio que padecía al salir del agua.

En ese momento, nada me cabía en la cabeza. Estaba totalmente desnuda y los residuos jabonosos que habían quedado en mi superficie habían desaparecido. Pensé que no podía contestarle sin ropa, así que mientras me vestía, me encremaba, me arreglaba una y otra vez frente al espejo y me hincaba varias ante la puerta para ver el grado de somnolencia de mi mamá a través de la rejilla de la puerta del baño, pensaba un montón de excusas para justificar mi cobardía al no contestarle la primera vez.
Pasaron tan sólo 23 minutos y ya estaba devolviendo la llamada.
Me dejó hablar primero.
Oí su voz...
Casi me desmayo. No creí que su voz fuera tan acorde a su pesona. Tan hombre, tan simpática, tan bonachona, tan apuesta, tan atractiva, tan... tanto lo que necesitaba.


miércoles, 23 de septiembre de 2009

105. Mi Duda.

En un oscuro bosque
donde estás sentada,
bajo la tierna sombra
de un árbol -tú lejana-

te refugias, me intrigas

con tu pálida cara,
que algo avejentada
-mirada que traspasa-
directamente al cenit,
refleja la nostalgia.
Tu lengua viperina
me come -desgraciada-
sin piedad. Sólo está
lamiendo todavía
los restos cada día
desgarrando -el alma
mía- con tan ácidos
hilos de mortal saliva
la presente impureza
dejándome en paz y limpia.

Suena el reloj -tic, tac-
y sabes que tarde es ya,
que marcharte con gracia
es lo que harás ahora.
Dame tu suave mano,
no finjas extrañeza
y levántate, linda
vete y huye -tienes prisa-
y no me pidas perdón.
Yo te mando, ve nula
corre así cómo alguna
despavorida criatura.

Afirma el Asimov:
"posible y remota"
y hay mucha diferencia
opinión suya y mía.
-Difiero- ahora, si
pienso en esa idea
me parece torcida
ya que contigo -vida
misma- no hay más sed
que carcome la entraña
más débil y gastada
de aquella ventana
obviamente cerrada.
Cosas que no engaña
ni a la vista humana
como la telaraña
que tejes en mi espalda.

sábado, 19 de septiembre de 2009

104. Matando Insectos.

Sucedió.
Estoy enferma. ¿Y qué?
xD
La primer imagen es mía, la segunda no. Mi cámara no podía tomar la foto, estaba vibrando de manera loca... y eso fue malo. En fin, aquí la entrada.

Matando Insectos.
A Sangre Fría Y Con Una Sonrisa En Los Labios.


Apagó la luz y ya no supe dónde quedé.
Había entrado a un cuarto perfectamente cuadriculado de dos muros, en escala de tonos sepia básicos. Su luz fluorescente me había guiado hasta allí y como una boba seguí pegándome con el cristal que guardaba la iluminación, teniendo fe en que volvería a prender, vería y sería feliz contemplando aquél pequeño sol. Terminó no sucediendo.
Ví que antes de apagar las bombillas, colocó muchos papeles en bola lejos de la cama, que tenían muchas fórmulas y operaciones.

En lo más cómodo se acostó ella y se tapó y me dio la espalda. Abrió la ventana ya adormilada y se puso casi al tanteo unos audífonos también claros, blancos, si no me equivoco.
Al poco tiempo empezó a hacer ruidos extraños con la boca, y mencionaba muchas cosas. Entretenida, perdí 2 horas revoloteando a su alrededor intentando no hacer ruido para no despertarla, escuchaba lo que decía y extrañamente concordaba con muchas cosas.
A juzgar por las cosas que decía, estuve segura que aquellos papeles eran razón de repaso, y lo corroboré cuando distraídamente volé por ahí y vi la palabra 'EXAMEN'...

Me cansé, al final. Yo creo que unas 6 horas habían pasado ya y el sol no salía, y el despertador no sonaba... todo se convirtió en silencio y se presentó la oportunidad perfecta para acostarme justo a ella, su calor y su aliento aún con olor a menta.
Me escabullí entre sus sábanas, su gruesa cobija y alguno que otro mechón de cabello al aire y, justo debajo de su cuello quedé, en el espacio que hacía la almohada entre su cabeza y el colchón. Dormí por un buen rato, e inconscientemente me fui yendo hacia arriba, osease quedé debajo de la almohada íntegramente.

Sentí un tanto después que se aligeraba la carga que había sobre mí. Ella estaba despertando y yo sin prudencia zumbé. Levantó la almohada y soltó un grito leve.
Esa expresión de terror se esfumó por una de crueldad en una porción de segundo.
Vino la oscuridad otra vez, esta vez proviniente de su cálida mano.
Escuché a lo lejos que tomaba algo por debajo de la cama. Me destapó y yo aún modorra, no pude si quiera alzar vuelo cuándo un pequeño tazón amarillento y transparente ya había limitado el lugar que ocupaba.
No sabía cuales eran sus intenciones.

Al cabo de un momento, en el cuál no apartó sus enormes ojos de mí, me empecé a sentir muy mal. Se me dificultaba respirar y tenía sueño.
Me estaba acabando el oxígeno que ella me puso.

Sonrió nuevamente, y aplastó el molde con fuerza contra la cama. Yo creo que pensó que por algún minúsculo hoyo me estaba entrando nuevo aire, con el que seguía existiendo, pues no había dado señal física de mi malestar.
Seguía viéndome, fascinada. Veía con cuánta desesperación comencé a golpear los muros frágiles pero irrompibles que acortaban mi vida. Reía, tomaba fotos, mostraba una indiferencia total a mi alma y a mi paradero.
Decidí que no podría más. Me fingí muerta y con cara de curiosidad de acercó nuevamente.
Levantó un poco el frasco y me moví, tan sólo un milímetro. Me vio. Me encerró de nuevo y puso un libro encima. Ahora, además de no poder respirar adecuadamente, ya no podía ni ver.
Tenía mucho sueño.

Pasó el tiempo. Yo no me rendía. Seguía moviéndome, ejercitando mis alas... quería seguir despierta, por el mayor lapso posible. Sabía que mi vida acabaría ese día. Lo ví en sus ojos sonrientes deseándome inerte.
Ya cuándo estaba muy débil y apenas me podía mover, tomó varios alfileres la gigante a la que supliqué como a nadie había hecho... pero ya estaba a medias del séptimo 'por favor' cuando con gracia me clavó las alas a la cama.
Inmóvil y con un dolor impresionante, sólo recé porque acabara.
Me enterró un último en el abdomen, que comenzó a sangrar. Así me dejó y volvío a ponerme los muros quita oxígeno.
El Sol ya estaba en el punto más alto... Y me distraía, y me quitaba el dolor...
Cerré los ojos en mis últimos instantes, que fueron pura agonía por lo húmeda que estaba por cualquier lugar, de mi propia sangre que apenas comenzaba a cuajar. Que fueron los peores para mis ya pobres pulmones.
No quería que viera mis ojos ausentes aquella gigante, porque sabía que se reiría a buena risotada suelta.

Sentí el flash de la última foto...

miércoles, 16 de septiembre de 2009

103. Ideales.

IDEALES

¿Desde cuándo dejaste de preguntarte lo que querías?
¿Desde cuándo dejaste de luchar por lo que anhelabas, querías, soñabas y deseabas con las entrañas que hasta te faltaban?
¿Desde cuándo moriste, en cuerpo mente y alma?
¿Desde cuándo dejaste de reconocerte, desde cuándo te cambiaron, desde cuándo no eres tú...?

¿Y acaso sabes lo que he pasado?
¿De pura casualidad ves lo que ven mis ojos?

¡Te escondes, huyes de mí y de tí!
Huyendo siempre de la realidad, corriendo a lo que más te dan tus cansados y preciosos pies bien cuidados.
¡Y callando!¡Callando a todas aquellas blasfemias que zumban en tus oídos, que no alcanzan a captar ya una conversación menos superficial que lo que ahonda en tu barriga!
¿El espejo te refleja enteramente, o sólo puedes ver tu cabeza?

Todavía puedo recordar el pasado, y puedo ver el futuro.
No lo veo muy bueno que digamos.

¿Qué bucaste alguna vez?¿qué fue tu meta mucho tiempo?
Recuerdos, nada más. Vanales. De cosas felices e inmorales. Insensatas además. ¿Acaso le viste el sentido a la vida, y luego lo olvidaste todo?
¿Y supiste después dónde quedó perdida esa información, y no te dignaste a buscar más a fondo?
¿Sabes qué te detuvo?
¿Sabes quién te halaba por detrás?
¿Sabes quién manejaba tus hilos ese día, cuándo no distinguiste el rojo y el azul?

Sé que la última vez que por mis mejillas resbalaron gotas,
éstas fueron de lluvia ácida.
¿Por qué sí?

¿Tienes miedo?

domingo, 13 de septiembre de 2009

102. Promesas Que Jamás Cumplí.

Ésta entrada la pienso publicar apenas termine.
Nada de programar las cosas ni nada de eso.
Sólo espero que los ojos me aguanten porque ya pasa de medianoche y me levanté temprano el día de hoy.
Ya veremos. En fin... ésta entrada la quiero dedicar a alguien que no la va a leer, al del sello rojo en la frente y que mira la Luna a diario, porque según dejé de existir para él... Pronto... destino... pronto...


Promesas Que Jamás Cumplí
(Lo Que Más Duele)

¡Oh!¡Tantas cosas!
¡Tan bellas, tan simples cosas!

¿Las recuerdas, vida mía?
¡Oh!¡Qué descaro, que cinismo el mío!
¿Recuerdas que te propuse alguna vez que te convirtieras en mi todo, en mis alegrías, en mis penas; en mis lágrimas saladas y en las dulces; en lo claro y lo obscuro y que me guiaras no importa cuál entorno?
Tú sabías mi situación, la de mi amor platónico...
Y me quise detener ¡Lo juro!

No quería ser infiel en dos mundos...
¡Y yo no tuve la culpa!¡Es que tú no me enamoraste demasiado!
Recuerdo que nuestras pláticas solían ser monótonas, y siempre terminábamos de hablar cosas serias... o cosas de política y de interés mundial. Tú eras lo contrario a la esencia pura del conformismo. Y eso me agradaba, aunque me hacía enojar algunas veces porque, como siempre me gusta tener la razón, nunca la conseguía contigo y me hacías rabiar.
Otra cosa que detestaba de era los relatos y tu cara de hipócrita.
¡Eso nunca lo olvidaré!
Ante tanta soledad y tristeza, siempre veías la manera de tornarlo irónico y sonreías despectivamente. Y yo me quemaba por dentro.
¿Despecho? A veces.


¿Cuántas veces te hice mío en sólo un par de días?¿2 ó 3? No puedo recordarlo bien...
Y estoy segura en que la última no fue mi intención. Yo sólo fui a sin necesidad, sólo porque me remordía un ligero zumbido en el oído izquierdo cada noche de Luna... ¿Recuerdas nuestras pláticas con la Luna? No puedo decirte cuántos mensajes tuyos me dijo. Pero eso sí, te aseguro que me contaba de más.
¿Amor? Amor por jamás sentí. Cuándo lo dije, me mordí la lengua y brotó un ligero hilillo de sangre, sangre que sabia sucia, como si estuviese impura desde el momento en que blasfemé con esas palabras que se jura total fidelidad y entrega.

Aquí viene lo raro. Cuándo te ocupó alguien más... los celos me invadieron tal poseída. ¿Estaré tan acostumbrada a tu necesidad de mí? ¿A tus constantes "Te Amo" y tus elogios sinceramente baratos? Me parece que sí, porque estoy a punto de seducirte por 3ra ó 4ta vez... sólo déjame terminar de redactar un pequeño correo y enviártelo...


miércoles, 9 de septiembre de 2009

101. Nueve.

Compensando un poco la estrafalaria cantidad de texto anterior, aquí unas fotos que tomé en este año.
Gracias :3


N
u
e
v
e
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